La puta loca enamorada, la de los poemas.

Hola.
He vuelto.
No me esperes como antes, amor. He cambiado. He aprendido. No me dueles. Ya sé quererme. La depresión no me ha tumbado.
Tengo que decirte que he vuelto. Y que me voy a quedar. Y que no voy a llorarte como la niña tonta de cuarto de la ESO a la que heriste.
Que estoy obsesionada me dicen.
Pero es que te sentí mucho. Te creí, luego desconfié de ti. Luego hice como si no fueses nada. Y te dije que no estaba enamorada de ti.
Porque al fin y al cabo sólo te hizo falta una noche para enamorar a aquella niña deprimida que no sabía dibujar mandalas.
Estoy aquí. Sobreviví. Tengo renglones que llenar, y ya no de ti.
Fuiste poco para lo que esperábamos.
Fui poco para lo que a ti te gustaba.
Y fui pequeña para verlo. Y tú nervioso por irte.
Ni siquiera pensabas que yo estaría aquí. Es lo lógico. Yo tampoco sabía que estaría aquí. Granada. Que me maten, que en Granada estoy yo y que no hay sitio para amores como el tuyo. Que esos se queden en otra ciudad.

Crecí.
Dos años. Y los brazos heridos se convirtieron en mi orgullo más grande.
Sobreviví. Sobreviví a ti, entre otras cosas.
Sobreviví, cariño, a que tu ausencia fuera lo que obtenía cada vez que imploraba un mínimo esfuerzo por quererme.
Sobreviví también a que un año más tarde, cuando ya te había curado, te abrieras paso entre mi piel como mala cicatriz, y que me dijeras que lo sentías.
Que lo sentiste.
Que fue real.
Que te sentías mal por mí.
Y todo... Por otra. Por otra a la que ni siquiera amabas ni amarás jamás. Por otra con otra historia que jamás conocerás. Porque ni siquiera fue por ella. Por la que sí amabas. Fue por otra. Por otra.

Por H. Por mí. Pero sobretodo por ella.


Adiós.
Me voy.
No me esperes nunca más. Ya no te odio. Me agotas. Eres un torrente de sentimientos encontrados. No sé por qué me tuviste que gustar. Ojalá nunca me hubieras gustado.

Soy feliz.
Tú no me haces feliz.
Pero hay quien sí lo hace.
Adiós.

Comentarios